GUILLERMO NUNEZ ABOGADOS ASESORES FISCALES
 

Lotte Jacobi Dancer Rolf Arco, Berlin 1931.

ATÓNITO

Martes 13 de junio de 2017.

      Así me he quedado, atónito –es un decir–, al escuchar que, contra viento y marea, los gobernantes de la Comunidad Autónoma de Cataluña convocan un referéndum ilegal para preguntarle a los catalanes si desean seguir formando parte de España. Bastaría con preguntarse qué sucedería en España si un político contrario a esta iniciativa se limitara simplemente a recordar que las Fuerzas Armadas tienen como misión “garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional”. Casi con toda seguridad, en tanto las autoridades políticas catalanas serían calificadas como demócratas en defensa de la libertad y la independencia de un pueblo oprimido, el político “españolista” vería automáticamente condenada su iniciativa como típicamente golpista y, por tanto, merecedora de reproche desde el punto de vista de lo que supuestamente debe ser el papel de la política en un Estado democrático. No digamos si la figura del político “españolista” fuere sustituida por la de un militar “fascista” que osare pronunciarse sobre este grave conflicto político que afecta a nuestro país.

 

     Y, sin embargo, en tanto la iniciativa de las autoridades catalanas es claramente contraria a la Constitución española y supone, de facto, su derogación, las palabras del político son reproducción textual de lo que dice el artículo 8 de la misma Constitución aprobada en referéndum por la mayoría de los españoles. Defender la unidad de una vieja nación como España (y la cohesión, y el equilibrio, y la solidaridad, y la mayor contribución de las CCAA más ricas para financiar a las pobres…) se ha transformado en signo de villanía y autoritarismo. A esto último ha contribuido y sigue contribuyendo una ideología que se proclama de izquierdas y que aún no ha superado la trágica evidencia de que una de las causas fundamentales que llevó a los españoles a una guerra civil fue el empeño (siempre insolidario y artificioso en su fundamentación histórica) de algunas fuerzas políticas en romper a costa de lo que fuere la unidad nacional y la desmembración del Estado.

 

    Y en esto llegó la penúltima versión de una izquierda desorientada y carente de casi todo, pero guiada por un espíritu que califican de democrático cuando en realidad es expresión de la vaciedad más absoluta en el campo de las ideas y del resquemor que produce, aún hoy, no haber ganado la guerra civil. Tanto el partido de Podemos, como el PSOE, cargan con esa tara casi genética consistente en considerar que los que defendemos que Cataluña es parte de España y que así debe seguir siendo, somos todos (y todas) unos fachas irremediables. Pues que le vamos a hacer, que lo sigan creyendo, pero que por favor dejen de presentarse como lo que no son, esto es, demócratas con autonomía propia y no sometidos a los proyectos de las fuerzas políticas independentistas.

 

    En cuanto al papel del PP, mejor dejarlo para un futuro comentario pendiente de si por fin se decidirá o no a aplicar, como debiera, el artículo 155 de la Constitución española.

 

 

Guillermo Núñez Pérez

 

 

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