GUILLERMO NUNEZ ABOGADOS ASESORES FISCALES
 

María Núñez Villena, isla de El Hierro (2011).

EL HIERRO, UNA ISLA SIN COCHES

Martes 27 de junio de 2017.

       Soy un enamorado de la isla de El Hierro, de su naturaleza sureña ruda y volcánica, de sus aguas transparentes y ricas en recursos, de la buena gente que en general la habita, de su silencio, pero sobre todo, de la ausencia de un tráfico motorizado agobiante y distorsionador del equilibrio del ser humano (la isla sigue siendo un lugar en el que un vehículo se detiene para que su conductor salude a un paisano, y los que vienen detrás esperan aún hoy con paciencia y prudencia a que finalice el saludo). Hasta hace bien poco, la isla carecía de semáforos, y los que hoy existen no están pensados para regular el tráfico de vehículos de tracción mecánica y peatones, sino para facilitar el libre y ordenado paso de tales vehículos por algún túnel de la isla, como el existente en el acceso al Parador de turismo, que es de una sola y estrecha vía.

 

   El Hierro es tierra de contrastes y bellezas naturales sorprendentes: desde el santuario guanche del Julan y de toda la vertiente sur de la isla que puede admirarse desde la costa del Tacoron y el Mar de las Calmas, hasta el Faro de Orchilla, sin que en todo ese espacio existan construcciones dedicadas al hábitat humano. Del exuberante pinar que da nombre al pueblo de la limpia luz diurna y del visible cielo estrellado, y que califica a sus habitantes como Piñeros, reconocidos luchadores que han  sabido forjar una historia local singular presidida, entre otras cosas, por la trayectoria y el recuerdo de un hombre culto y bueno como fue Don José Padrón Machín, que preservó el patrimonio del librepensamiento en la isla en una época difícil y contraria a los ideales de la libertad. Todo ello, complementado con el contraste de un bosque de fayal-brezal y laurisilva en el centro de la isla que proviene de la época del Terciario.

 

       Todo lo anterior contrasta con la tendencia a facilitar la entrada de vehículos en la isla como signo de progreso, como señal inequívoca de que si no hay cada vez más coches, camiones y guaguas, la economía no va bien. Aquel afortunado eslogan de “El Hierro, la isla del silencio”, es cada vez menos cierto, como  también lo es imaginar una isla en la que existiera una oferta de transporte público barata y de calidad que se compaginara con la prohibición del libre acceso de vehículos a la isla. Esto último sí que sería un signo auténticamente distintivo e innovador de unas políticas públicas que hoy no existen en este ámbito. Habría que buscar soluciones imaginativas que dieran respuesta a los agricultores y ganaderos, así como a otras profesiones que precisan inexcusablemente y de manera puntual de medios de transporte, pero la regla general sería la de limitar la entrada de vehículos en la isla como revulsivo a las experiencias extremadamente negativas que este fenómeno de la libre importación de vehículos de uso privado ha provocado en otras islas.

 

         Es evidente que la adopción de una medida como la señalada por parte de las autoridades locales supondría, seguramente, que las mismas perdieran las siguientes elecciones (o quizás, no). Por eso creo que cuestiones de esta naturaleza deberían ser adoptadas por el Gobierno canario, o por el Gobierno de la Nación, o también, por ley del Parlamento canario o del Parlamento de la Nación. Y si menester fuere desde el punto de vista competencial, por una disposición en tal sentido de la Unión Europea.

 

 

Guillermo Núñez Pérez

 

 

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