GUILLERMO NUNEZ ABOGADOS ASESORES FISCALES
 

Francisco Franco, jugando a ténis en un lateral de El Palacio de El Pardo (circa 1940).

FRANCISCO FRANCO

Miércoles, 20 de junio de 2018.

       Si hubiera vivido en la época previa a la victoria de Francisco Franco, y hubiera tenido luego la suerte de salir ileso de la guerra civil española (1936-1939), así como de la posterior represión practicada por los sucesivos gobiernos franquistas sobre los demócratas de toda España, es posible que ahora fuera un viejo demócrata pensionista que viera circunscrita su actuación pública casi en exclusiva a pedir aumentos de la pensión y a exigir la exhumación de los restos de Franco del Valle de los Caídos. Pero también sería factible pensar que concurriendo las circunstancias señaladas, ahora me opondría con todas mis fuerzas a la exhumación de los restos de Francisco Franco, y ello, por considerar que semejante acción no deja de ser una provocación o falta total de respeto para todos aquellos que lucharon y apoyaron el llamado alzamiento nacional convencidos de que ello era lo mejor para España. Mi caso podría ser también idéntico al de todos aquellos otros (rojos y azules) que yacen en una tumba desconocida por haber sido asesinados por los pistoleros de uno u otro bando. En este último supuesto, ni protesta, ni pensión, ni nada de nada; a lo sumo, el recuerdo que me guardaran mi seres queridos y su legítimo deseo de saber dónde están mis huesos para darme definitiva sepultura y descanso eterno.

 

       En esta reiterada ocurrencia del PSOE a la hora de volver a hacer público su permanente deseo de exhumar los restos de Franco, sobra mala leche y espíritu revanchista y falta generosidad a la hora de respetar a todos los muertos y protagonistas de la guerra civil y del régimen franquista, condición imprescindible para superar de verdad a las dos Españas. Si fueran consecuentes con los postulados que dicen defender, deberían exhumar también los restos del general Primo de Rivera, que instauró una Dictadura pocos años antes del inicio de la guerra civil, y así, hacia atrás, hasta el Rey godo Ataúlfo o hasta donde llegue lo que ellos llaman memoria histórica. El criterio a seguir sería el establecido unilateralmente por los que proclaman este tipo de iniciativas, pues los mismos dan por supuesto que la bandera de la legitimidad, bondad y razón sólo ellos la enarbolan. Es lo que se conoce como “memoria selectiva”: recordar las atrocidades cometidas por otros y olvidar las propias.

 

        He sido antifranquista toda mi vida, y precisamente por ello, me siento plenamente legitimado para exigir al actual Gobierno de la Nación presidido por el Sr. Pedro Sánchez, que desista de su nefasta e irrespetuosa iniciativa de exhumar los restos de Francisco Franco del Valle de los caídos, entre otras razones, porque entre las iniciativas adoptadas por Franco como gobernante, se encuentra una muy temprana y que es muestra de su clarividencia como estadista: la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado de 1947, en virtud de la cual nombró como sucesor al que luego fue coronado como Rey Juan Carlos I. Estoy seguro que Franco entonces percibió como inevitable que su sucesor iba a incumplir en el futuro el juramento de defensa de las Leyes Fundamentales y de los Principios del Movimiento Nacional, tal y como así sucedió en beneficio de la reconciliación de todos los españoles.

 

 

Guillermo Núñez Pérez

 

 

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