GUILLERMO NUNEZ ABOGADOS ASESORES FISCALES
 

HACER POLÍTICA

Publicado en Diario de Avisos, el 1/11/2018.

        La diferencia entre hacer o no hacer política opera en planos que se confunden pero que no se contradicen. Optar por no hacer política es sorprendentemente una de las maneras más perniciosas de hacer política, pues posibilita en definitiva que, por omisión, otros la hagan por ti y a veces en contra de tus propios intereses. Hacer política no sólo se reduce en los sistemas democráticos a ejercer de manera periódica el derecho a votar en elecciones libres, sino que supone también ejercer un amplio elenco de actuaciones públicas y privadas que, aunque muchas veces no lo parezcan, están estrechamente ligadas al mundo de la política.

 

        Hacer política es ir con unos amigos a tomar unas copas y hablar de algún acontecimiento político, expresando nuestras propias opiniones y recomendando qué es lo que se debería hacer con relación al mismo, y sabida es la tendencia de los españoles a resolver los problemas políticos más complejos con una copa en la mano e impartiendo doctrina autorizada sin ton ni son. Hacer política es, aunque pueda resultar un tanto estrafalario, tener como exclusivo tema de conversación nuestras aficiones deportivas, desde el fútbol, al baloncesto, a la natación, o a cualquier otra modalidad deportiva (a veces me pregunto cómo puede alguien ver sin perder detalle y sin que se quebrante su tino, la retransmisión en directo de las carreras de coches de fórmula uno o de motos), pues con este pretexto alguien puede derivar la conversación a un tema estrictamente político como puede ser la ingente deuda que tienen muchos clubs de fútbol con la Seguridad Social, o cómo el Gobierno u otros poderes derivan la preocupación popular por determinados temas, a la relevancia sentimental y mentalmente neutralizante que supone, por ejemplo, un partido entre el Atlético de Madrid y el Real Madrid, o entre este último y el Barcelona. Y ni que decir tiene que el espectáculo deportivo es muchas veces un refugio seguro para abstraerse de la mala política, tal y como así lo confirmaba el que fuera Presidente del Gobierno de la Nación Mariano Rajoy, cuando podía disfrutar en la intimidad leyendo prensa deportiva a fin de así aparcar temporalmente los procelosos debates en el Congreso de los Diputados.

 

     Hacer política es también una forma de vida que conscientemente escogen algunas personas para garantizarse un buen sueldo, una buena pensión o simplemente alimentar su exacerbado narcisismo. En muchos casos, esta elección vital se adopta bajo el presupuesto de que a estos sujetos todo, menos su escalada política personal, se las trae al pairo. Estos especímenes suelen conformar la cantera de los hacedores de la mala política y, generalmente, son proclives a realizar prácticas corruptas.

 

 

         Hacer política es contribuir a mejorar las condiciones de vida de nuestros conciudadanos en todos los ámbitos de la vida, pero sobre todo, en el sentido de poder convivir en paz y en libertad, por lo que siempre será mala política la que impulsa por sistema el enfrentamiento y la exclusión del oponente político, o la que propugna que en todo caso, el fin justifica los medios.

 

       Finalmente y, entre otras muchas manifestaciones, hacer política es escribir y publicar artículos de opinión como este, que si bien no suelen cambiar la realidad, sí estamos convencidos de que pueden contribuir de alguna forma a analizarla con espíritu crítico, lo cual no es poco en una sociedad en buena medida atenazada por el protagonismo desmedido de los que hacen mala política.

 

 

Guillermo Núñez Pérez

 

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