GUILLERMO NUNEZ ABOGADOS ASESORES FISCALES
 

José Mª Hernández-Rubio Cisneros.

JOSÉ Mª HERNÁNDEZ-RUBIO CISNEROS

Viernes, 12 de octubre de 2018.

            En el año 1983 veía la luz una obra fundamental del que fuera Catedrático de Derecho Político de la universidad de La Laguna D. José María Hernández-Rubio Cisneros: “Fuerteventura en la Naturaleza y la Historia de Canarias” publicada en dicho año por el Cabildo Insular de Fuerteventura. Aunque tenía referencia de la misma, lo cierto es que no había tenido ocasión de leerla hasta el presente y, por esa misma razón, he de manifestar públicamente que me arrepiento de ello, pues como muy bien dice el autor en el Prólogo, “Esta obra es el `camino´ que yo he recorrido para enterarme de lo que fue esta isla entre y con las demás Islas Canarias; la verdad de este libro es `mi verdad´  respecto a Fuerteventura y al resto del Archipiélago, y también en este libro está expresada una gran parte de mi vida, y de mi concepción del mundo y de la vida misma”. Y la verdad es que vale la pena conocer y aprender de la experiencia vital e intelectual de alguien que bien puede ser calificado como un auténtico humanista.

 

       Desgraciadamente, la figura de Hernández-Rubio es para muchos un referente “gracioso” que es reconfortante recordar por sus excentricidades y comportamientos heterodoxos, sobre todo, teniendo en cuenta cual era el triste ambiente oficial y cultural de la España franquista. Sin negar que la persona del intelectual serio y riguroso que era el profesor Hernández-Rubio contribuyó por sí mismo a crear paralelamente con ciertas actuaciones propias un personaje referencial que bien podría identificarse con la acracia o, simplemente, con la presencia de un espíritu crítico y rebelde capaz de subvertir las conciencias de los estudiantes (y de los que no lo eran) que tuvimos la oportunidad de conocerle y escucharle en sus clases de Antropología en el primer curso de la la Facultad de Derecho de la universidad lagunera, lo cierto es que su figura se agranda con el paso del tiempo por múltiples razones. Una de ellas, por ejemplo, es la sabiduría que se pone de manifiesto cuando el mismo opina sobre el fenómeno de las autonomías en la Constitución de 1978, y cómo con el paso de los años los hechos han venido a poner de manifiesto que la razón estaba de su parte: “Finalmente –y esto es importantísimo dejarlo claro ya desde aquí– tengo que decir que en este libro mantengo una posición universalista e integradora. Yo soy, sin duda, un andalusí, pero los andalusíes hemos sido siempre universales; y yo lo soy de modo acentuado: me entiendo con todos, y he estado en no sé cuantas partes del mundo, y siempre me he encontrado bien en todos los pueblos que he visitado y vivido, sin fobias, sin complejos de inferioridad o de superioridad; lo que se dice a gusto.

 

         La historia de Al-Andalus, y también la historia española, fueron siempre y en general –salvo locuras momentáneas– historias de integración. Primero entre cristianos, moros y judíos, luego con la unificación lograda por los Reyes Católicos, y tras ellos toda la política hispánica de ámbito mundial.

 

          Por esa concepción universalista que mantengo, me parece una solemne estupidez –así, una sandez, una necedad– la actitud retrógrada de la Constitución de 1978 del reconocimiento dado a aldeanismos y tribalismos –pues eso son en el fondo los regionalismos y nacionalismos en ella establecidos–. Una Constitución que, tras el tremendo esfuerzo integrador realizado durante una historia de siglos, rompe esa corriente histórica para volver al restablecimiento de los reinos de taifas. Tribalismo disgregador, que alentando resortes emocionales y sentimentales; resentimientos y fobias, se ha manifestado tanto en la Península como en las Islas, acompañado de graves intencionalidades y deformaciones históricas”.

 

      Sin duda, las ideas del profesor Hernández-Rubio sobre el fenómeno de las autonomías y nacionalidades en la Constitución de 1978 pueden ser calificadas por algunos como reaccionarias o contrarias al espíritu de los tiempos, claramente favorecedores entonces de desarrollar el llamado, eufemísticamente, espíritu autonomista. Sin embargo, lo relevante del pensamiento que nos ha legado Hernández-Rubio, es que deberíamos planteemos hasta qué punto no se conformó como un grave error de la llamada izquierda política de nuestro país asumir algunas de las tesis defendidas por los partidos secesionistas, separatistas e independentistas, como expresiones de un falso progresismo que nos ha conducido estos últimos cuarenta años a poner en peligro principios tan relevantes constitucionalmente como el de unidad, igualdad y solidaridad entre todos los españoles.

 

 

Guillermo Núñez Pérez

 

 

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