GUILLERMO NUNEZ ABOGADOS ASESORES FISCALES
 

MADE IN VIETNAM

Domingo 24 de enero de 2016.

     Los que vivimos físicamente desde lejos los últimos años de la terrible guerra de agresión que sufrieron los vietnamitas a cargo de los gobiernos de Estados Unidos de América, nos emocionamos –al menos a mi me ocurre– al comprobar cómo, en la actualidad, muchos de los productos que consumimos en Europa son fabricados en Vietnam. He sentido esa emoción con ocasión de la compra de un chaquetón de protección para circular en moto, prenda que aparte de ser de calidad y estar perfectamente diseñada para controlar la temperatura del cuerpo, procura una considerable protección del mismo en caso de accidente. Sí, ya se que para muchos progres occidentales, nos hallamos ante una nueva versión del capitalismo depredador mundial mediante la utilización o explotación desenfrenada de la mano de obra: la prestada en este caso por los descendientes de los guerrilleros del Vietcong, con la finalidad de así abaratar costes de producción y aumentar los beneficios. Sin embargo, habría que preguntarle al valioso pueblo vietnamita, que fue capaz de vencer en la batalla a la entonces primera potencia bélica mundial, si sus preferencias vitales están por continuar haciéndolo bajo el régimen económico capitalista, o bajo el régimen económico socialista del camarada Kim Jong-il de Corea del Norte.

 

     Si la pregunta se la hiciéramos a los norcoreanos, estoy seguro que votarían a favor de lo que al respecto propusiera el líder supremo Kim Jong-il, entre otras razones, porque en ese sistema político, aparte de no existir cabinas de votación que garanticen el secreto del voto, sólo hay dos urnas: una para los votos favorables a lo propugnado por el líder, y otra para los que osen votar en contra, y que como resulta obvio, de escoger esta segunda posibilidad, nunca más volverían a tener la oportunidad de votar. Sin duda, un sistema óptimo para no tener que pensar en cómo vivir, sino tan sólo en cómo sobrevivir a los dictados del líder.

 

     Así que si yo fuera vietnamita, creo que la respuesta sería la de aferrarme a la posibilidad de continuar vendiendo mi fuerza de trabajo a una multinacional dedicada a la fábrica de prendas para moteros, máxime, si como trabajador además me consta que los destinatarios de mi trabajo se llegan incluso a emocionar por el resultado del mismo o, al menos, por saber que el producto fabricado no es ya una bomba contra el enemigo, sino un producto de calidad para un mercado global que además de hacer posible el intercambio de bienes y servicios, procura bienestar material y progreso para los vietnamitas, y “emociones” para miles de moteros, aunque estas últimas ya nada tengan que ver, agraciadamente, con aquella pasada lucha del pueblo vietnamita por la libertad y la dignidad frente a “a la bota del imperialismo”.

 

 

Guillermo Núñez Pérez

 

 

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