GUILLERMO NUNEZ ABOGADOS ASESORES FISCALES
 

Balthus: Thérèse Dreaming (1938).

¿NEGOCIAR?

Sábado, 30 de junio de 2018.

        El propio término “negociar” empleado en política ya resulta per se endemoniado y carente muchas veces de su significado prístino: “Tratar asuntos públicos o privados procurando su mejor logro”. En general, por el contrario, la praxis viene a poner de manifiesto que el sentido del término negociar en el ámbito político español es el de “Tratar y comerciar, comprando y vendiendo o cambiando géneros, mercancías o valores…”. Los partidos políticos nacionalistas, auspiciados por un sistema electoral que favorece su presencia en los máximos órganos de representación del Estado,  son los principales muñidores de la idea de entender la negociación en términos puramente mercantilistas: si el Gobierno de la Nación pretende aprobar los presupuestos del Estado, salvo que tenga mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados, se verá condicionado a tener que negociar con los nacionalistas vascos, catalanes y canarios (aunque estos últimos no se sabe muy bien si son mercaderes nacionalistas o simples mercachifles) determinadas contrapartidas. Si las previsiones son que en futuras elecciones a Cortes la representación estará muy dividida, eso redundará no en mayor democracia, sino más exactamente, en la presencia de representantes defensores de sus respectivas “nacioncitas” y demás intereses localistas u oligárquicos o simplemente populistas. Tú reduce el importe del cupo vasco y yo a cambio te voto los presupuestos; Tú dame más aportaciones económicas para financiar nuevos convenios para la construcción de carreteras y yo a cambio te voto a favor de los presupuestos, etc.

 

       Cabría pensar que la dinámica apuntada es circunstancial o que, por el contrario, resulta innata al ser humano, y que como consecuencia casi resulta imposible sustraerse a ella. Sin embargo, aún admitiendo su inevitabilidad en el tiempo como tendencia egoísta e insolidaria, lo cierto es que una de las razones de ser del nacimiento del Estado moderno no es otra que la de poner freno a los particularismos frente al interés general de la ciudadanía. Y cuando ese interés general quiebra y lo que se impone son los intereses particulares o sectoriales, la cosa empieza a tomar sesgos preocupantes.

 

   Tanto el PSOE como el PP, como partidos nacionales que representan a todos los españoles, se han visto condicionados en sus respectivas etapas de gobierno por los mercaderes de la política. La expresión máxima de ese mercadeo, hasta el momento, es el éxito de la moción de censura que ha permitido a Pedro Sánchez desplazar a Mariano Rajoy en la Presidencia del Gobierno de la Nación. Pero en esta ocasión, el producto de la negociación permanece de momento oculto. No sabemos a ciencia cierta qué prometió el candidato a los partidos que le votaron, pero el tiempo lo irá desvelando. De lo que no parece haber duda, visto lo visto, es que el voto o la abstención de populistas y nacionalistas no iba a ser emitido para favorecer los intereses generales de todos los españoles, sino más bien, para todo lo contrario.

 

       Mientras tanto, el nuevo Presidente nos deleita de vez en cuando con declaraciones y actuaciones vacías de contenido sustancial que en caso alguno son motivo de sorna por los payasos de la tele… Comprendo en términos humanos que M. Rajoy haya terminado harto de los payasos de la TV y de las políticas negociadoras mercantilistas.

 

 

Guillermo Núñez Pérez

 

 

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