GUILLERMO NUNEZ ABOGADOS ASESORES FISCALES
 

TENDENCIA A LO INEVITABLE EN EL CAPITALISMO

Jueves, 2 de agosto de 2018.

         El conflicto que estos días viven las grandes capitales españolas (Madrid, Barcelona, Valencia) con la “huelga” del taxi, es claramente indicativo de algunos síntomas preocupantes en lo que cabría denominar como desarrollo y subdesarrollo del capitalismo en nuestro país. El primero de esos síntomas es, sin duda, el efecto del denominado gremialismo, una manifestación originaria del medievo en virtud de la cual los artesanos instalados en las ciudades controlaban de manera pormenorizada y rígida la oferta de trabajo y servicios, estableciendo una escala jerárquica y casi inamovible entre las categorías de aprendiz, oficial y maestro. En el caso del taxi, su “filosofía” gremial y contraria al principio liberal de la libre competencia, se ha manifestado históricamente como una actividad familiar cerrada que pasa de padres a hijos y que vela por los intereses de sus miembros, fundamentalmente, procurando que los podres públicos reserven determinados ámbitos territoriales exclusivos en los que ejercer la actividad. Es el caso de aquellos municipios con instalaciones aeroportuarias o marítimas: sólo los taxistas residentes en dichos municipios podrán prestar el correspondiente servicio en tales instalaciones. Bien es verdad que hoy, como consecuencia de este monopolio, se ha desarrollado un mercado muy poco transparente en virtud del cual las licencias para poder operar en un determinado territorio se pagan a precio de oro, y no precisamente al respectivo Ayuntamiento que las expide, sino a los “listillos” que han invertido previamente en su adquisición o adjudicación para luego ser revendidas o alquiladas a otros que no es que sean más “bobos”, sino que están necesitados de vender su fuerza de trabajo en condiciones normalmente paupérrimas y de sobreexplotación.

 

     Otro de los síntomas que cabe destacar, es la pérdida de autoridad de las instituciones democráticas ante el arma del chantaje que utilizan los huelguistas. Paralizan durante días la circulación ciudadana por las principales arterias de las ciudades y no pasa absolutamente nada. El poder ejecutivo (estatal, autonómico y local) se limita a “echar balones fuera” y proponer traspasar la competencia a la respectiva Comunidad Autónoma, pero ni una sola condena -al menos verbal- hacia la actitud de los huelguistas, pues con independencia de la razonabilidad o no de sus reivindicaciones, lo cierto es que con su protesta perjudican a miles de ciudadanos “inocentes”. Parece que importa menos el enfado de los ciudadanos que se ven privados del servicio público del taxi, que aquel otro que manifiesta el gremio de los taxistas. Los primeros, sólo tienen derecho a la resignación; los segundos, a paralizar el tráfico en las principales vías de la ciudad hasta que consigan sus objetivos. A esto último creo que se le denomina en román paladino chantaje, y que además se practica, tal y como resulta evidente, de manera totalmente impune.

 

         El tercer síntoma a destacar es el más preocupante, ¿o tal vez el más esperanzador? Digamos que, de momento, es el más revolucionario e innovador y que quizá termine por configurar el modelo que en un corto período de tiempo  determine la prestación de servicios que hoy monopoliza el taxi. Las nuevas tecnologías cambian el mundo, tal y como así lo hicieron en el siglo XVIII y XIX el telar mecánico o la máquina de vapor en Inglaterra, y hoy, gracias a internet, no sólo resulta factible a golpe de clic alquilar un apartamento en el lugar más recóndito (Booking), sino también, contar con el servicio de taxi en las principales ciudades (escojo a través de un clic modelo de coche, tarifa, conductor, recorrido, horario, etc.).

 

     El conductor o conductora no es un taxista en el sentido tradicional. Es un joven estudiante, o un licenciado en paro, o un funcionario que desea obtener un complemento de sueldo. La empresa o plataforma que organiza el servicio (Cabify), sólo le exigirá que carezca de antecedentes penales, posea un vehículo en condiciones, tenga licencia para conducir y qué días y horas de la semana desea prestar su servicio. Le pondrá en contacto con el cliente que demanda el servicio y contabilizará la operación según la tarifa acordada, quedándose con un porcentaje y pagando al conductor el resto que le corresponda.

 

          Si la prestación del servicio es mejor; si la tarifa es menor; si la amabilidad del conductor es mayor… si todo esto es así, ¿por qué no decidirse por Cabify u otra compañía similar? Estoy convencido de que muchos de los hoy airados y enfurecidos  taxistas van a terminar transformándose en conductores “por libre”.

 

 

Guillermo Núñez Pérez

 

 

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