GUILLERMO NUNEZ ABOGADOS ASESORES FISCALES
 

TIEMPO PRESENTE Y PASADO

Jueves, 6 de septiembre de 2018.

      Decir que el tiempo pasado fue mejor que el presente tiene sentido y auténtico significado cuando el acontecimiento actual al que nos refiramos en términos comparativos reúna todas las características propias de la tragedia y, en particular, de la tragedia bélica. No hay mayor tragedia para los seres humanos que vivir bajo la amenaza cierta de ser víctimas de un bombardeo terrestre o aéreo, de una bala perdida (lo cual no deja de ser un eufemismo, pues las balas siempre tienen un destinatario que generalmente coincide con un miembro de la población civil), o de una persecución por sinrazones religiosas, ideológicas, étnicas o simplemente por estar vivo y formar parte del supuesto bando enemigo o del bando de los traidores a la causa. Los europeos de la década de los noventa del siglo pasado nunca pudieron imaginar el nivel de violencia extrema desatada en la antigua Yugoslavia, el éxodo de miles de personas que la guerra provocó y las consecuencias nefastas que se produjeron para la población civil, sobre todo, para las víctimas que hoy yacen enterradas muchas de ellas en fosas comunes.  Siempre será mejor estar vivo, aún bajo la condiciones impuestas por una dictadura, que sufrir el desgarro de la guerra, máxime si esta es calificada de civil, pues toda guerra de esa naturaleza transforma en muertos vivientes a las víctimas que logran sobrevivir al odio, a la revancha y a la violencia ilimitada que supone reconocer como enemigos a nuestros propios hermanos.

 

       El paso del tiempo por sí mismo no cura nada, y menos aún cuando lo que pervive e incluso se fomenta por algunos es la secuela del odio y el resentimiento respecto a un tiempo pasado trágico que no se quiere superar. Precisamente por esta razón, son encomiables todos aquellos intentos y pretensiones dirigidos, no a olvidar el pasado, sino a tratar de superarlo a favor de un tiempo nuevo en el que puedan integrarse y refundirse los anhelos de libertad y pacífica convivencia de la mayoría de la población. Este y no otro fue el fin esencial que persiguieron y alcanzaron con indudable éxito los protagonistas de la Transición española a la Democracia después de la muerte de Franco. La clave de ese éxito no fue otra que la voluntad decidida de unos y otros (derecha e izquierda; franquistas y antifranquistas; azules y rojos; comunistas y fascistas; monárquicos o republicanos) por alcanzar la reconciliación entre las dos Españas a las que se refería el poeta A. Machado: “Españolito que vienes al mundo te guarde Dios/ una de las dos Españas ha de helarte el corazón”. Idéntico valor patriótico como símbolo tuvo la renuncia de S. Carrillo a la bandera republicana y a la aceptación de la Monarquía, que la admisión de los antiguos Procuradores franquistas a la Ley de Reforma Política auspiciada por el antiguo Secretario del Movimiento Adolfo Suárez. Fueron ellos, entre otros muchos, franquistas y antifranquistas, los que sentaron las bases de un tiempo nuevo que ha posibilitado uno de los mejores períodos de la historia de España hasta el presente. Las tendencias claras y rotundas por parte de las fuerzas políticas independentistas y de una izquierda que ha perdido el rumbo a la hora de pretender recuperar y revivir el tiempo pasado, sólo puede merecer el desprecio de todos aquellos que anhelan la paz, el progreso, la libertad y la pacífica convivencia entre españoles. 

 

        En este presente que hoy vivimos, de democracia y libertad, resulta cuanto menos esperpéntico escuchar al Presidente de la Generalidad de Cataluña renegar de su condición de español y afirmar su preferencia republicana como señuelo dirigido a embarcar en sus pretensiones separatistas a algunos imberbes incapaces de comprender las consecuencias trágicas que pueden derivarse de sus discursos reaccionarios. La pretensión de revivir las causas de un tiempo pasado trágico, debería ser motivo más que fundado para evitar tanta irresponsabilidad y falta de respeto a los muertos, sobre todo, cuando una de esas causas estuvo conformada por los movimientos separatistas que, tanto antes como ahora,  pretenden romper la unidad de la nación española y llevarnos de nuevo a todos al oscurantismo y la hecatombe. 

 

 

Guillermo Núñez Pérez

 

 

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